Por conocerte, me afirmo apasionada, sin ninguna duda... sé que cada destello de luz, que cada olor, o la simple suavidad del aire nos transportan a un mundo de sensaciones. Que se puede disfrutar incluso de la visión del sol que ríela sobre el mar o del calor de una piedra... Es un mundo vedado para los ciegos de corazón, es nuestro mundo. El mundo exterior cobra magia en nuestras almas... ¿No crees cariño?
Quisiera ser capaz de imitar al susurro de los rÃos para regalarte su música. Quisiera tornarme verde, y dejar de ser azul, para tus ojos... Quisiera desprender el olor del tomillo y el romero... Y saber a mora y a hierbabuena... Sin perder el tacto de la nutria... sólo para ti...
No sé por qué orillas paseas, a pesar de que hace tiempo sólo se de ti, pues de nadie más me interesa saber. No sé por qué orillas paseas, a pesar de que hace tiempo, busco la huella de tus pies en mi arena.
Escribe con un dedo, haciendo surcos en la playa, un mensaje donde me digas “estoy bien”, y yo lo leeré desde la roca en que me hizo prisionera el mar bravío, y mandaré una gaviota para que con su pico conteste el mensaje, justo bajo el tuyo, para que puedas leerlo.
Y quién no desea volar, nadar andar, correr... sin alas, sin manos, sin pies... es el deseo de la libertad total, la libertad de la mente, escaparse de las ataduras terrenales, librarse del mal que nos agarra a la tierra... ¿Somos barro? Yo deseo ser mar. Fluido que se mueve libremente, que se entremezcla con otras gotas, que envuelve y se esparce... Quiero ser mar... ¿tu no? Y deseo ser aire...
Entrar en el cuerpo del ser amado... (Si entro en tu cuerpo, sin permiso, si me respiras... ¡OH...!) Y salir expulsado por un suspiro... Quiero observarte invisible, por el mero hecho de mirarte en tus actos cotidianos, mientras te afeitas, por ejemplo, sin saberte observado... Quiero ser aire... ¿tu no? Quiero seguir en la locura de los pensamientos sin razón.
El conjuro fue lanzado por un barco que me llevó lejos... Hoy es una mesa azul que sostiene un ordenador mi mar, naufragué en una calle de un pueblo, y te lanzo botellas con mensajes de socorro. Eres tal como te soñé.
Déjame que te aborde desde el mar, la avenida de éste libro, encontrarte escondido en privado... desde este teléfono tan imaginario como tú, que nos mantiene en contacto; desde este cable que es nuestro cordón umbilical.
A veces creo que debo continuar mi camino... Que debo recordar que en realidad, estoy sola, y que la lejanía es sólo una ilusión óptica, eres un espejismo de hombre, alguien que inventé y a su vez reinventó un amor usando la palabra melancolía...
No... No... ¡Perdóname, amor...! A veces siento que tu alma es un eco de la mía. Te miro, y me veo reflejada en cada carta no enviada, o en cada vocablo de tu voz no escuchada... Las sensaciones a flor de piel, el aire, el mar, la vida transpirando por cada célula y creando un sentimiento. El dolor, la soledad, el sabernos pasajeros eternos de un tren llamado vida, y preguntarnos en qué estación se ha de bajar.
A veces, apetece saltar del tren, y una se queda mirando el paisaje exterior, preguntándose si se estará mejor en el oscuro bosque que se ve tras las ventanillas... quizás mejor que así, en este tren que no sabemos dónde nos lleva y qué otro pasajero se cruzará en nuestro destino.
Quisiera decirte tanto... Quisiera decirte que no hay nadie como tú, que jamás conocí persona igual a ti. Quisiera decirte que eres fantástico, tu sonrisa, tus gestos... sólo verte mirar me enamora. O algo tan sencillo como sacar un cigarrillo de su cajetilla, y encenderlo... todo es sensualidad en ti ¿O en los ojos con que te miro?
Ahora que te conozco, quisiera decirte que tu corazón es tan grande que cabría un mundo completo, que tu fantasía sin límites me hace navegar por el mar de mi aliento, que la dulzura de tu voz es sólo comparable a la dulzura de tus palabras. Quisiera decirte que tu bondad sin límites sólo se compara a tu belleza, que tu inteligencia sólo al cariño con que me abrazas y tu buen humor a tu ternura. Que tu sonrisa sólo la iguala tus ojos, y que la fuerza de tu amistad, a la distancia que nos separa.
Ay, amor... Y aún no sé cómo declarártelo. Le pido a las musas que me lancen un conjuro, que iluminen mis dedos que se mueven de forma autónoma, para que sepan engendrar el idioma de la tinta, todo lo que por ti siento.
Quizás tengas razón... quizás me disfrace de medusa o de alga para poder decírtelo. Es lo más sencillo, la mejor manera de no besar el suelo otra vez...
Gracias por recordarme donde tenia mi corazón... olvidé que lo guardaba en el pecho... tanto tiempo llevo sin usarlo...